Y ustedes perdonarán el retraso.
Para el general y la puta que lo parió
10-dic-2006
La sangre se agolpaba en el ventrículo derecho, a punto de dejar de funcionar, como siempre. Las venas de los ojos rojas, rojas miseria, hacían alegrísimas combinaciones con el amarillo purulento de las pupilas y el brillo de las lágrimas amontonadas. El culo fruncido como quien tuvo un gran accidente, nacer u otro, con la mierda a punto de salir por entre los dientes si no se aflojaba el poto, pero total, este tipo lo único que tuvo recto alguna vez fue su ano.
La almohada sudada hasta el asco, hasta el peso de la funda, tenía que soportar las viejas canas que cubrían piel que cubría ideas que cubrían sangre. El cuello arrugado como un cuerpo que estuvo mucho tiempo en el agua, tal vez en el mar... tanto como un muerto hundido meses en el mar. La guata ancha, obesa de banquetes vitalicios, de trozos de carne mutilados. Las tetillas parchadas de máquinas que ¡oh! intentaban desagolpar el ventrículo. El pene flácido e inútil, insignificante a pesar de haber inyectado cinco idiotas al mundo. Un guiñapo.
El viejo estaba sólo y en urgencias. Había bulla de fondo es cierto, nunca faltan los torcidos que ni con ajo espantan ese gustillo por la muerte y las paradas militares carajo. Pero él estaba só-lo.
Pero que es eso, una sonrisa al lado del viejo, será la esposa, será Marco Antonio, cualquier conchesumadre. Ah no, hay otra sonrisa, que rico, y camanances y más sonrisas. Parece que se mejora el viejo, que a-le-grí-a. Y ojos contraídos de risa, y manos aplaudiendo y cosquillas en el aire viciado. Y sonrisas, y sonrisas y sonrisas. Son risas. Son manos que dejaron de aplaudir y se acercaron al cuello como si fuera una canción de resistencia que había que aplastar porque estorbaba, porque había que reducir espacio, por diversión, manos de hombre. Son manos, no de cirujano precisamente, que tiraban de los parches y los cables de las tetillas a falta de cargas eléctricas, son manos de mujer. Son manos que descubren un miembro aguado y verrugoso y lo arrancan de un tirón fatal, como quien arranca a un padre de la casa en la madrugada, son manos de niño. Son muchos, muchas, cabritos, obreros, maestros, doctores, cantantes, extranjeros, es to-do-el-mun-do, la leche diaria, el empleo, la salud pública, los productos en el supermercado, las noches sin insomnio, los libros en los muebles sin bolsas plásticas ni tierra, el cobre, la organización popular. Es la línea entre la venganza y la justicia, sin cumplirse ninguna, burladas por las influencias y la edad.
El ventrículo hinchado, como un cuerpo amoratado, a punto de detenerse. El poto cagado, como el de una guagüa recién nacida que no tiene mamá que la atienda. Las canas crispadas, como un despistado en el toque de queda. El pene caído, como más de tres mil chilenos.
14:15pm. Al ventrículo no le cupo el ego y estalló. Lástima que no nos pringaron los remordimientos, al parecer nunca se presentaron.
De Chile para el mundo: sonrisas.